UN SOPLO DE AIRE FRESCO EN LAS RUTINAS DIARIAS

Encontrarle el lado divertido a las cosas y reírse libremente con los compañeros de profesión puede ser un muy buen antídoto para el estrés.
El estrés asistencial o Síndrome de Burnout es una situación cada vez más frecuente entre los profesionales de la Salud que se manifiesta como "respuesta a un estrés emocional crónico". Sus rasgos principales son fatiga física y/o psíquica, trato impersonal hacia pacientes y compañeros de trabajo y sentimiento de insatisfacción personal con las tareas que desarrolla.
Y esto tiene una lógica aplastante si nos paramos a pensar que ellos conviven directamente con el dolor del paciente y el de sus familiares. Sobre todo a la hora de transmitir diagnósticos negativos e irreversibles.

En muchas ocasiones el profesional de la salud aborda en demasía las necesidades del paciente olvidando sus propias demandas de atención. Ellos también requieren altas dosis de energía, de optimismo y buen humor para ayudarse a sí mismos, y controlar la frustración, impotencia y el dolor causados por el contacto con el sufrimiento humano.

Los equipos médicos cada vez están más abiertos a recibir esta ayuda,  ya que los profesionales de la salud también le pueden sacar partido a esta manifestación, pues mejora la relación que éste establece con los pacientes y transmite un apoyo emocional hacia él y sus familiares. Algo tan importante como la administración de medicamentos. Sin embargo no todos los profesionales de la salud se toman en serio esta facultad humana tratando de convertir la medicina en una 'ciencia seria'.

Creemos firmemente que la risa y el buen humor son unas herramientas efectivas y necesarias para la actividad profesional y personal de todo el equipo sanitario.
Hoy en día es muy común oír y  ver en muchos hospitales del mundo payasos profesionales disfrazados de doctores que hacen reír a personas adultas y a niños hospitalizados con enfermedades graves. Cuya labor facilita  que la hospitalización no convierta a la persona en un ser anónimo, despojado de historia propia, ni interrumpa su producción de subjetividad. Y es que,  según reconocen estudios  científicos y médicos,  la risa es una gran aliada en la recuperación de los pacientes, siendo la mejor medicina para la mente y el alma.

Cada vez más profesionales de la salud y pacientes reconocen que la risa podría ser quizá la mejor medicina preventiva. Algunos profesionales temen que el humor se interprete como frivolidad, por lo cual limitan su uso como herramienta terapéutica. Sin embargo los estudios demuestran que el estado de ánimo influye en nuestra salud, que es importante tenerlo en cuenta y es saludable fomentar la risa y el buen humor entre los enfermos y compañeros de profesión. Estamos hablando de un humor oportuno, amable y respetuoso.

Incluir la risa como complemento de las terapias convencionales, puede ayudar al profesional de la salud en la recuperación del paciente y en la mejora del ambiente de trabajo.

Actitudes positivas y del sentido del humor, nos proponen pautas de comportamiento que fomentan una relación positiva personal, con los pacientes y compañeros de profesión:

  • Establecer una relación de empatía con el paciente y la familia
  • Evitar actitudes negativas que generen sentimientos de culpabilidad.
  • Facilitar y utilizar actitudes de escucha activa con el paciente.
  • Aprender a reírnos de nosotros mismos y con nuestros compañeros de profesión.
  • Crear un ambiente alegre y positivo.
  • Minimizar el absentismo laboral y el bajo rendimiento
  • Favorecer la comunicación sincera y directa.
  • Combatir el estrés de la vida cotidiana.

El humor es un vehículo excelente que nos conduce a crear un ambiente donde existan menos tensiones y mejor colaboración entre los miembros de las diferentes disciplinas:
Reduce las tensiones cuando las cosas no van bien, alivia las situaciones embarazosas y humaniza el servicio sanitario que muchas veces se vuelve rutinario, además de favorecer las relaciones entre los profesionales y sus pacientes.
Esta iniciativa surgió con el objetivo de promover un mayor acercamiento con los pacientes y sus familias. Buscamos brindar una atención integradora, con la calidez profesional necesaria, impregnada de alegría bajo un trato ameno y diferenciado por la reacción que provoca, una sonrisa.
Hoy día, gracias al avance de la medicina existen medicamentos excelentes y diferentes terapias para combatir el dolor físico y psíquico. Sin embargo, a nivel anímico y emocional, no existe receta más positiva y efectiva  para combatir la tristeza que la actitud humana del profesional, el cariño de los seres queridos, la amistad, y por supuesto una buena dosis de risa que como un eco de magia aparece y  suena en nuestro interior cuando más lo necesitamos.

La actitud positiva y la risa no sólo son útiles para la salud de los pacientes sino también para la salud física y psicológica de los cuidadores, médicos, psicólogos, enfermeras, profesiones de ayuda, la asistencia sanitaria, en particular, que está constantemente en contacto con el dolor y el sufrimiento de otros seres humanos.

Estas habilidades, estrategia y actitudes positivas serán muy beneficiosas para los propios profesionales y para todos en el medio ambiente. ¿Pero a esas personas que llevan trabajando 24 horas salvando vidas se les puede pedir buen humor? Si durante una semana estás trabajando tus horas sólo como un profesional y no como una persona, tomándote todo muy en serio, manteniendo las distancias, queriendo hacer todo perfecto y sin cometer un error llevas una vida estresante y no saludable. No hace falta estar 24 horas así, con 7 ya acabas mal. Lo que hay que incorporar es que las personas necesitamos aligerar la vida en el trabajo porque el trabajo forma parte de la vida.

Los  profesionales conviven con muchas desgracias ajenas y por ello nuestro propósito es brindar una atención integradora, con la calidez profesional necesaria, impregnada de alegría bajo un trato ameno y diferenciado por la reacción que provoca, una sonrisa.
El problema de los profesionales es que están extralimitados. Estamos en un mundo muy emocional y en la salud hay muchas emociones de las desagradables porque hay mucho miedo: sufrir una enfermedad genera mucha inseguridad y ésta conduce a tener un miedo, a veces atroz, a lo que vaya a pasar. Los profesionales de la salud van acumulando emociones que no son suyas.

 

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La duración del taller es de 2 a 2,30h, dependiendo del volumen de participantes.

Mínimo 10 participantes

 

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